Tabaco, tabaquismo y tiempo de trabajo

Felipe Manzano Sanz escribe un artículo en la revista Gestión Práctica de Riesgos Laborales, N.º 83, 6 Jun. 2011, Editorial WOLTERS KLUWER ESPAÑA, que se titula:

Tabaco, tabaquismo y tiempo de trabajo

“…En ocasión reciente, ya he manifestado que el tabaco hace mucho tiempo que, fumado en público, ha dejado de ser una función social, un referente de clase o un “calmante de nervios“, porque ha pasado a ser, pese a la hipocresía de la recaudación fiscal, un factor de riesgo de la población en general y de la población laboral en particular, porque, entre otras enfermedades, está demostrado que lleva, en un altísimo porcentaje, al cáncer de pulmón.  Al igual que, en su día, fue el amianto, con el que se fabricaban tejados, aislantes, pastillas de freno, etc., hasta que se comprobó científicamente, como ha ocurrido con el tabaco, que los trabajadores que lo manipulaban, contraían, aún con manifestación muy tardía, asbestosis, otra terrible enfermedad pulmonar.

La, a mi juicio, falsa polémica de que la Ley antitabaco genera pérdidas, en especial en los locales destinados a la hostelería, no resiste análisis serios ni, menos, científicos. Lo que genera, sin duda, (a pesar de que pueda ser discutible la radicalidad de la medida y la aplicación paulatina y costosa para quienes en su día se vieron obligados a hacer reformas en sus locales de negocio -notoriamente, los restaurantes-), es un beneficio colectivo al personal laboral y al público en general.

El beneficio colectivo, ínsito en el interés colectivo, nos es una magnitud divisible entre los individuos en presencia, puesto que a unos les reportará más influencia positiva que a otros, pero es indudable que existe y prima a la categoría colectiva, que es una realidad ontológica social y prejurídica.  Por consiguiente, legítimamente, podemos desde el punto de vista colectivo, congratularnos con la prohibición de fumar en todo espacio público cerrado. Se disminuye la posibilidad, incluso la probabilidad, de contraer enfermedades, se disfruta de espacios limpios y se reducen los costes globales, se gana en seguridad, además de algunos específicos (se quejarán los fabricantes de mecheros, ceniceros, pitilleras, etc., pero toda realidad social patológica es susceptible de ser cambiada por la ley, y toda ley genera modificaciones de la realidad, es inevitable, igual que una autovía es beneficiosa para la seguridad del tráfico rodado, de la disminución de accidentes de tráfico, lo que comporta beneficio colectivo, también comporta la disminución de las ventas de un establecimiento en la margen de la antigua carretera convencional).

Ya sé que, en la atmósfera contaminada en la que vivimos inmersos, en especial en las grandes ciudades, puede llevar a pensar que “ya bastante humo inhalamos diariamente, por lo que un poco más, proveniente del humo exhalado por los fumadores y por la propia combustión de los cigarrillos no aflora la posibilidad de contraer un cáncer de laringe, de pulmón, de esófago o de estómago, según la predisposición genética de cada cual“.

Sin embargo, lo sensato, es no coadyuvar a que ello suceda, pues, es claro que, y me vuelvo a citar a mí mismo, que “la actualización de un factor de riesgo higiénico que pueda producir enfermedad (profesional o del trabajo) depende de su intensidad y, sobre todo, del tiempo de exposición al mismo aunque pueda influir en el daño (aparte de la ausencia de medidas preventivas y de protección, sean individuales y/o colectivas) la predisposición genética del trabajador afectado. Esto sucede, por ejemplo, con el ruido, no es lo mismo un ruido de impacto, o sea de alta magnitud decibélica, que dure un par de segundos, que un ruido constante, acompañado de vibración y con especial sensibilidad a dicho contaminante físico”.

O sea, que no es lo mismo, la inhalación individual consumiendo un cigarrillo, después de comer (que quizás pueda ser hasta beneficiosa todo elemento y/o sustancia químicos puede ser benéfico o un veneno en función de la dosis- un poco de voluntaria nicotina, a ser posible sin alquitrán) que estar soportando el humo, o tabaquismo pasivo, como parte de la actividad laboral, como les ocurría, singularmente a los profesionales de la hostelería, sea en bares, restaurantes o espectáculos públicos y actividades recreativas, y que, felizmente, ya no les ocurre. Y las supuestas pérdidas han comenzado a ser ganancias, con lo que, permítaseme la redundancia, todos ganamos.

Ahora bien, otro enfoque del asunto es el del tiempo de trabajo que los trabajadores empecinadamente fumadores, por afición y/o por adicción, emplean fuera del espacio de trabajo. Se trata de lo que podríamos denominar como esos “proscritos” que utilizan el tiempo de asueto para salir a la calle o a espacios “reservados” de los edificios, además de acrecentar su riesgo de cáncer de pulmón están discriminando a los no fumadores con un tiempo del que estos últimos no disfrutan. Cabe preguntarse si debe el empresario gestionar el tiempo de adicción con deslealtades en el tiempo de trabajo ¿no es esto, una pequeña, pero existente quiebra de la buena fe contractual que debe mediar en la relación laboral?

Sé que es una cuestión polémica. Los fumadores que lean esto se sentirán escandalizados y podrán decir ¿qué quiere, que tenga tal ansiedad en mi puesto de trabajo por no poder fumar que no rinda nada? Es una forma de verlo, de defenderse, de echar una cortina de humo sobre el asunto; pero, desde otra perspectiva, cabe preguntarse si acaso en el contrato de trabajo se estipula una cláusula de remuneración por tiempo de descanso (el tiempo de descanso forma parte del salario, legal y evidentemente) debido a la adicción al tabaco? Otra perspectiva es, la de la racionalidad: bien, si usted tiene una adicción tabáquica (o cualquier otra) y no redunda negativamente en su rendimiento, tales pausas puede que tenga sentido o, sencillamente, lo tienen. Pero si redunda negativamente en el trabajo, es una causa de despido disciplinario.

Por otro lado, cabe cohonestar esta cuestión con la del informe de valoración de la efectividad de la integración de la prevención de riesgos laborales en el sistema general de gestión de la empresa a través de la implantación y aplicación del Plan de prevención de riesgos laborales en relación con las actividades preventivas concertadas (que se establece como obligatoria mención en el contrato para el concierto de la actividad preventiva entre una entidad especializada acreditada para actuar como servicio de prevención ajeno y el empresario cliente). No se puede olvidar que el informe de valoración depende del Plan de Prevención de riesgos laborales, instrumento o herramienta para la integración de la prevención en el sistema general de gestión de la empresa y dicho Plan, es un mero documento de definición que tiene como elementos esenciales la evaluación inicial de riesgos (EIR) y la planificación de la actividad preventiva (PAP), las cuales, además, y como expresa el artículo 16 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, podrán ser llevados a cabo por fases de forma programada. Por ello, debe incluirse, en el mismo, la situación de los fumadores y prever cómo se vigila su estado de salud de tal manera que no redunde negativamente ni en la propia salud ni en el puesto de trabajo, ni en terceros, sean estos últimos compañeros o personas externas a la empresa.

Porque, dado que tal integración de la prevención de riesgos laborales en el sistema general de gestión de la empresa, significa que lo ha de ser en todas las actividades que desarrolle (lo que implica que debe proyectarse en los procesos técnicos, en la organización del trabajo y en las condiciones en que éste se preste) y en todos sus niveles jerárquicos (lo que implica, a su vez, la atribución a todos ellos, y la asunción por éstos, de la obligación de incluir la prevención de riesgos en cualquier actividad que realicen u ordenen y en todas las decisiones que adopten), debe hacerse en un período razonable y previsor, indispensable tanto para la ejecución de las actividades preventivas y de protección planificadas como para la integración y la valoración de la efectividad de la misma. Y en un asunto tan poco aprehensible (nunca mejor dicho) como el del humo del tabaco, la planificación y la misma actividad y actuación preventiva para los adictos al tabaco en su influencia individual y colectiva en relación con la salud, debe hilarse muy finamente.

En definitiva, tiempo de ajustes sociales en costumbres y adicciones que, de futuro, mejorará indudablemente la salud en el medio laboral y la salud pública en general, sin repercusiones negativas en el tiempo de trabajo…”

 

Los trabajadores sanitarios son ahora más “visibles” fumando fuera del recinto hospitalario y deberían haber sido los primeros en dar ejemplo y abandonar el hábito tabáquico.  Tras las vacaciones de verano podría ser un buen comienzo. ¡Ánimo!

Miguel

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